de fe y familias, estamos llamados a redescubrir la grandeza de lo que se va a recibir, evitando que las preocupaciones externas y superficiales oculten el Misterio de Dios.
El Corazón de la Celebración: Lo que Recibimos
Los sacramentos de la iniciación cristiana —Bautismo, Confirmación y Eucaristía— forman una unidad inseparable. Por ello, invitamos a los catequizandos y a sus seres queridos a centrar su mirada en los dones espirituales que Dios derrama:
- En la Confirmación: Los bautizados se unen más íntimamente a la Iglesia y son enriquecidos con una fortaleza especial del Espíritu Santo. Es la efusión del Espíritu que permite ser auténticos testigos de Cristo, para difundir y defender la fe con la palabra y las obras.
- En la Primera Comunión: Los niños son alimentados con el manjar de la vida eterna, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La Eucaristía es la «fuente y culmen de toda la vida cristiana», el momento en que Jesucristo actúa en plenitud para la transformación de los hombres.
Invitación a buscar lo fundamental
La catequesis no busca simplemente instruir, sino iniciar en la plenitud de la vida cristiana. No permitamos que «los afanes del mundo y de las riquezas» ahoguen la semilla de la fe. Una verdadera preparación exige:
- Interioridad sobre Exterioridad: La liturgia exige una participación consciente, activa y fructífera. El foco debe estar en el «crecimiento interior» y en la correspondencia con el designio de Dios, no en el banquete o la vestimenta.
- El Testimonio de la Familia: La familia es la «Iglesia doméstica», el primer lugar donde los hijos aprenden a orar y a reconocer su dignidad como hijos de Dios . Padres y padrinos tienen la misión de ser los primeros heraldos de la fe mediante el ejemplo de una vida santa.
- Conversión del Corazón: La recepción de estos sacramentos debe ir precedida por la fe y la conversión. Es un momento para que toda la familia renueve su compromiso de seguir a Cristo, quien es el «camino, la verdad y la vida».
Que este tiempo de preparación sea una oportunidad para que el corazón se alegre por buscar a Dios. Al alejarnos de las superficialidades, permitimos que brille la luz de Cristo y que los dones del Espíritu Santo —sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios— transformen verdaderamente nuestras vidas.

Que así sea!!!!
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